Oyekun Batrupon

By Orula
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Aug 27th, 2014
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Patakín:
Existía una tierra que los bafiate (congos) llamaban salanane, donde sus habitantes la mayor parte del tiempo se la pasaban en revoluciones (eyo) con otros pueblos y entre ellos mismos, por la codicia del poder.
Se valían de todo tipo de hechicerías, a la vez ellos mismos no adelantaban en la vida, pues vivían en un
atraso general, por las distintas luchas hubo muchas pérdidas de vidas, a las cuales no se les daba sepultura, trayendo esto una gran epidemia, llegando hasta otros pueblos colindantes entre ellos al pueblo de los congos.
Esta era la tierra Iyobu, donde hubo de quejarse al gobernador de uno de los grupos en contienda, pero como estos presumían de guapetones y de brujos, no le hicieron caso, sino por el contrario, le declararon la guerra al pueblo Iyobu.
El jefe de los Iyobu, mandó un emisario, que se llamaba Osain, este siempre estaba acompañado de un chinito,
que cuidaba la puerta de la casa del jefe. Osain fue a casa de awo y este le dijo que tenía que hacer ebbo para terminar con tanta hechicería y poner término a la guerra y que pusiera el ebbo al pie de una loma, y Osain así lo hizo.
El mandadero cuando bajó la loma vio el gran ebbo que estaba allí y llamo a Shangó, pero quien bajó de la
loma fue Obatalá quien les dijo que buscaran a Oggún y que avisara a los bafiates que terminaran la lucha, que
Shangó sería quien gobernaría aquella tierra y que todos los habitantes allí limpiaran sus casas con lo que Orunmila indicara.
Cuando Shangó dijo esto a Oggún, este fue diciéndole a los congos que él se marchaba de allí a otras tierras y
a la vez que dejaran un poco la hechicería, para evitar males peores, ellos no le hicieron caso a Oggún.
Una noche paso por allí Osain y sintió un fuerte olor a carbón de piedra y azufre quemado, junto con un murmullo de personas. Al acercarse a la puerta, como estaba oscuro, Osain metió el pie en el hueco que
estaba en la puerta y pisó al chinito que se encontraba allí escondido, este dio un grito y Osain cargó con él
para seguir camino y las gente que se encontraba allí, cerraron las puertas diciendo que era el grito de un
eggun, por lo que ellos acordaron terminar la lucha y vivir en paz, terminándose a la vez las epidemias.

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