Oyekun Di

By Orula
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Aug 28th, 2014
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Patakín:
Olofin, después que concibió la tierra y le dio poder a todos los orishas, así como el ashé, pensó que había terminado su labor, pues a los orishas dióle la virtud de que con su poder astral, pudieran enviar su forma como una radiación a la tierra, y pudieran irradiar al mismo tiempo a varias personas que fueran protegidas del orisha que la enviaba.
Cada una de las personas que recibía aquella radiación dejaba de ser como había sido momentos antes de recibirla, para convertirse en un ser, que al hablar, decía cosas que ellos mismos ignoraban, pues estaban poseídas de la divinidad (montadas por el orisha).
Al principio de este fenómeno que se producía en los seres humanos, todo se desenvolvía normalmente, pero pasado un buen tiempo, todo empezó a cambiar, al extremo que cada cual se creyó superior al otro, comenzando las guerras, tanto armadas, como en base al conocimiento exotérico como no exotérico (secreto como no secreto).
La guerra y la distención estuvieron a punto de diezmar a los habitantes, cada cual se creía un dios de acuerdo a los conocimientos adquiridos, pero un día, Olofin mandó a Elegba a inspeccionar la tierra para que le informara como se encontraban sus moradores.
Elegba se dio a la tarea encomendada por Olofin, pero lo que vio le causó gran enojo; dirigiéndose a uno de aquellos que decían ser sabios, le preguntó: “cuál era la causa de la guerra que existía en la tierra”, a lo que el interrogado respondió: “que él era hijo de Osain, y que su padre le había concedido el ser uno de los hijos más privilegiados, ya que Osain venía en su cabeza, proporcionándole los conocimientos que el necesitaba, por lo que era el más sabio de todos ellos”.
A Elegba no le gustó la forma fatua de aquel individuo y le dijo: “a Olofin no le va a gustar la forma en la cual ustedes se comportan, porque tanto él como los orishas, no aceptarán como buenas las actitudes de ustedes, pues esa guerra no puede existir. El hijo de Osain le contestó a Elegba, “que él era el rey, y no iba a permitir que nadie lo destronara”.
Elegba se fue molesto por aquel encuentro y siguió investigando entre los humanos, recibiendo de estos casi las mismas respuestas entre todos los encuestados, por lo que fue a ver a Olofin y le narró todo lo que había investigado.
Olofin después de escuchar la narración de Elegba, se puso a meditar sobre los sucesos en la tierra, y decidió enviar allí a los orishas, para que estos les hablaran a sus respectivos hijos para que modificaran sus conductas. El primero que envió fue a Obatalá, fracasando este en sus gestiones, entonces Olofin siguió enviando a los demás orishas, pero todos fracasaron en su gestión.
A Olofin no le quedaban más orishas que enviar a la tierra, pero en eso, se acordó de Orunmila y lo mandó a llamar, cuando este llegó le dijo: “te he mandado a llamar, porque ya he enviado a la tierra a todos los orishas para que arreglaran la situación reinante entre los habitantes de la tierra, pues ellos están enfrascados en una guerra que puede ser la causa de su destrucción total, pues todos los que son poseídos de la fuerza astral de un orisha se creen superiores a los demás, y es por esa causa que te he mandado a buscar, para ver si tú puedes arreglar esa guerra”.
Al escuchar a Olofin, le dijo: “yo le prometo que he de arreglar esa guerra que existe en la tierra, que he de
arreglar a todos los humanos, pero mientras yo no lo pueda enmendar, yo no bajaré en cabeza de nadie”. Olofin le dijo entonces: to iban eshu.
Siendo la causa esa por lo que Orunmila no pasa por cabeza de nadie.

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